2026/05/01

Años antes de la menopausia…¡tu cuerpo ya está cambiando!

Tiempo antes de la menopausia…

¡tu cuerpo ya esta cambiando!

Por Mayra Bermúdez, Psicóloga Clínica | Mis Días Rosas

¿Te despiertas a las 3 de la mañana con la mente activa? Tu regla o periodo menstrual es impredecible. Subes de peso sin haber cambiado nada. Te irritas fácilmente por cosas que antes no te molestaban. Y en algún momento te has preguntado en silencio: ¿será que me estoy volviendo loca?

No, solo estás en transición. Probablemente estás en la premenopausia.

Premenopausia: el caos que nadie te anunció. 

La premenopausia, también llamada perimenopausia, es el periodo que ocurre antes de que tu menstruación se detenga definitivamente. Puede comenzar entre los 35 y los 45 años, y durar entre 2 y 10 años.

Lo que lo hace tan difícil no es solo los cambios físicos. Es que nadie te habló de ello. Tal vez, tu médico dice “esto es normal, ya va a pasar.” Tus amigas no saben tampoco qué es, porque quizá lo viven desde su particularidad. Si tienes pareja, puede pensar que estás exagerando. Y finalmente te quedas sola con algo que no entiendes.

Lo que puede estar pasándote es que tus ovarios han empezado a producir estrógeno y progesterona de forma irregular; puede que un mes producen demasiado, o al siguiente casi nada. Y tu cuerpo (especialmente tu cerebro), no sabe qué esperar. Esos cambios y descontrol no son porque algo esté mal en ti, solo es química.

Los síntomas que casi nadie menciona. 

Más allá de los bochornos, hay síntomas que casi nadie menciona: como el insomnio, el enojo excesivo que aparece sin aviso, la irregularidad en tu menstruación, olvidos que hace que las palabras no lleguen en medio de una conversación, sensibilidad emocional intensa que te hace llorar hasta viendo comerciales, y la pérdida del interés sexual, o el dolor físico durante la intimidad.

¿Cuántos de esos reconoces?

Menopausia: el duelo que nadie nombra. 

Esta etapa es cuando la menstruación se detiene por 12 meses consecutivos. Pero lo que más señalan no son los cambios físicos sino algo más profundo.

“No me reconozco.”

Y es que más allá de los cambios hormonales se vive un duelo, de hecho varios, en realidad.

Los duelos invisibles...

El primero es el duelo por el cuerpo que conocías. Ese cuerpo predecible, que sabías cómo funcionaba. Ahora todo cambió y no sabes qué esperar. Eso, aunque racionalmente sepas que es parte de la vida, duele.

El segundo es el duelo por la fertilidad, aunque no se quiera hijos o incluso tener más. Puede doler el perder el poder de embarazarse. Toda tu vida tuviste ese poder. Y perderlo remueve algo muy profundo.

El tercero es el duelo por una versión de ti que sientes que se fue. Ya sea ser la mamá joven, la mujer enérgica, la que podía con todo y sostenía a los demás. Y aparece la pregunta: ¿quién soy si ya no soy esa?

No estás loca. No eres débil. No estás exagerando. Estás procesando pérdidas reales. Y eso toma tiempo.

Tu cuerpo no es tu enemigo...

Aunque se sienta que tu cuerpo te ha traicionado, solo está haciendo exactamente lo que tiene que hacer. Está envejeciendo, porque está vivo.

La invitación no es que mañana te mires al espejo y digas “amo mis arrugas.” La invitación es más pequeña e incluso más honesta: empieza por dejar de estar en guerra contigo misma. Pasar del rechazo a una postura neutra. Y de la neutralidad, con tiempo, al respeto. Poder llegar a reconocer:

“Este es mi cuerpo. Ha hecho mucho por mí. Merece mi cuidado, aunque no me guste cómo se ve.” Eso ya es mucho.

Herramientas para atravesarlo con más conciencia...

Aunque podamos comprender el proceso, no deja de ser duro para cada persona. Sin embargo, hay algunas herramientas que pueden ayudarte a transitarlo con más conciencia:

1. Sistema de semáforos...

Cada mañana evalúa si es: Día verde significa que tienes energía y puedes con todo. Día amarillo significa que estás bien pero frágil, en ese caso reduce compromisos. Día rojo significa modo mínima energía, solo cubre lo básico y ya, sin culpa. Esto te quita la presión de tener que estar bien todos los días.

2. Tus tres cosas no negociables...

En esta etapa tu energía puede sentirse limitada. Elige solo 3 hábitos que protejas sin importar lo que pase. Puede ser caminar 10 minutos, dormir 7 horas o una comida sin pantallas. Solo tres. Todo lo demás puede fallar, pero esas tres son tus anclas.

3. Escribir para desahogarte...

Cuando sientas que explotas de emociones, toma papel y lapicero y escribe sin parar por 5 minutos. Sin censurarte, sin que tenga “lógica”. Todo lo que sientes. Después rompes el papel. Lo sacas y así no se queda dentro envenenándote.

No es el final. Es una transformación. En muchas culturas antiguas, las mujeres post-menopáusicas eran vistas como sabias y poderosas. Porque ya no perdían la energía en ciclos, embarazos o crianza. Toda esa energía podía canalizarse hacia la creación y la espiritualidad.

Hay mujeres que empiezan negocios a los 52, encuentran paz después de divorciarse a los 58, estudian carreras nuevas a los 60 y se enamoran por primera vez de ellas mismas a los 55.

La creencia que nos vendieron dice que el valor de una mujer está ligado a ser “joven, fértil y deseable”. Y cuando eso cambia, supuestamente queda poco.

Pero queda todo lo demás, que con todos los cambios actuales ahora toma mas sentido: la sabiduría, experiencia y la libertad de ser sin tener que complacer. Esto no es un final. Es una transformación. Y merece ser atravesada con información, con apoyo y con mucha ternura hacia ti misma.

No tienes que hacerlo sola. No tienes que hacerlo perfectamente. Solo puedes encontrar la forma de transitarlo con mas amabilidad.

Mayra Bermúdez es psicóloga clínica y forma parte del equipo de Mis Días Rosas, un espacio de acompañamiento integral para la mujer en todas sus etapas. Atención psicológica. Contacto: psicologamayrabermudez@gmail.com

El alma de mamá: cuando amar también nos vacía