Cada mañana o cada noche, cuando el día termina, regálate unos minutos solo para ti. Humedece tu rostro. Respira profundo. Y permite que tus manos toquen tu piel con intención. Limpia tu rostro con suavidad, como si estuvieras cuidando a alguien que amas. Porque lo estás haciendo. Mientras lo haces,...